“El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán”. Jesucristo. (Mateo 24:35).
Chesterton ya lo planteó de forma magnifica en The Everlasting Man (Su ensayo sobre la historia de la humanidad antes y después de Cristo): Si Jesús fue solo un líder más, entonces fue un hombre extrañamente inusual, y si el cristiano es otra creencia más, entonces es una creencia extrañamente inusual, partiendo de la base de que, ya de por sí, si se mira al ser humano como si fuese otro animal, entonces uno se ve obligado a decir que el ser humano ya es un animal extrañamente inusual, y por lo tanto Jesús en la historia de la humanidad fue (y es) bastante inusual, más que lo que ya es inusual por derecho. Más de lo que nuestra mente puede apreciar.
Jesús es tan extrañamente inusual, que la historia se divide antes y después de Él. Jesús removió los cimientos de la humanidad, y eso no puede ser una “simple coincidencia”. Jesús dijo hace casi 2.000 años que sus palabras no iban a dejar de existir, y sus palabras aún no han dejado de existir. ¿Cuantos hombres pueden hacer eso? ¿Cuantos hombres son capaces de transformar la historia de la humanidad en una época donde no había Internet, por ejemplo?
En Marcos 14:9, Jesús hace una afirmación que solo alguien con autoridad es capaz de hacer sobre alguien:
“Les aseguro que en cualquier parte del mundo donde se predique el evangelio, se contará también, en memoria de esta mujer, lo que ella hizo”.
Y así ha ocurrido con la mujer que ungió sus pies con aceite (Marcos 14). ¿Qué clase de hombre es capaz de hacer tal clase de afirmación? Sin duda, uno muy inusual. ¿Y qué hay de los milagros que se le atribuyen? ¿Crees que si Jesús no hubiese resucitado, se estaría hablando de Él hoy en día? ¿Crees que sus discípulos hubiesen dado la vida predicando el evangelio mientras eran perseguidos, asesinados, y vivían en pobreza, si Él no hubiese hecho las cosas que hizo? ¿Crees que Él hubiese tenido seguidores, si sus obras fuesen falsas? Y aquí hago un paréntesis ligeramente alejado del tema para esta pregunta que se me acaba de ocurrir: ¿Por qué Dios no proveyó de estabilidad económica a los primeros discípulos? La respuesta que se me ocurre vendría a ser algo como esta: “Para que las generaciones futuras se den cuenta de la fe que esos hombres tenían en mí”.
Sobre la devoción y la experiencia de los apóstoles, me gustan mucho las primeras palabras de la primera carta del Apóstol Juan. Atención a las palabras que usa:
“Lo que ha sido desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros propios ojos, lo que hemos contemplado, lo que hemos tocado con las manos, esto les anunciamos respecto al Verbo que es vida. Esta vida se manifestó. Nosotros la hemos visto y damos testimonio de ella, y les anunciamos a ustedes la vida eterna que estaba con el Padre y que se nos ha manifestado. Les anunciamos lo que hemos visto y oído, para que también ustedes tengan comunión con nosotros. Y nuestra comunión es con el Padre y con su Hijo Jesucristo.”
Jesús es ese Verbo de vida (Juan 1:1). Cuando Juan escribió esta carta dirigida a las comunidades cristianas de Asia Menor. Por allá estaba pasando la corriente de la duda. Cosas como “Dios no se hizo hombre” querían infiltrarse en esa iglesia primitiva. 1 Juan comienza con Juan atacando de inmediato el principal mal que azotaba a sus lectores, y lo hace de forma concisa y clara: Hablando apasionadamente de la verdad que es Jesucristo.
Podemos hablar de las muchas cosas que Jesucristo hizo, pero quiero hablar directamente, de la que sin lugar a dudas es la que más ha transformado al mundo: Su resurrección. Su victoria sobre la muerte para darnos vida. El verdadero mensaje del evangelio. Con su muerte Jesús pagó por nuestros pecados… Mas es con su resurrección que obtenemos vida eterna en el Espíritu. Es es la buena nueva, y aquí quiero citar un breve análisis excelente sobre dicho tema, que puedes conseguir en esta página:
Aunque la Escritura no intenta “probar” que Jesús fue resucitado de entre los muertos, si presenta evidencias concluyentes del hecho de que Él verdaderamente resucitó. La resurrección de Cristo está registrada en Mateo 28:1-20; Marcos 16:1-20; Lucas 24:1-53 y Juan 20:1-21:25. La resurrección de Cristo también aparece en el libro de Los Hechos (Hechos 1:1-11). De estos pasajes puedes obtener muchas “pruebas” de la resurrección de Jesucristo. Fíjate en el dramático cambio en los discípulos. Ellos fueron del temor que los hizo esconderse en un cuarto, al entusiasmo y propagación del Evangelio por todo el mundo. ¿Qué otra cosa pudo explicar este dramático cambio en ellos, sino la experiencia de ver a Jesucristo resucitado?
Mira la vida del apóstol Pablo. ¿Qué fue lo que lo cambió de ser un perseguidor de la iglesia, a convertirse en un apóstol de la iglesia? Esto sucedió cuando el Cristo resucitado se le apareció en el camino a Damasco (Hechos 9:1-6). Otra “prueba” indiscutible es la tumba vacía. Si Cristo no resucitó, entonces ¿dónde está Su cuerpo? Los discípulos y muchos otros vieron la tumba donde Él fue sepultado. Cuando regresaron, Su cuerpo ya no estaba ahí. Los ángeles declararon que Él se había levantado de los muertos, como Él lo había prometido (Mateo 28:5-7). Más aún, otra evidencia de Su resurrección es la gran cantidad de gente a la que Él se apareció (Mateo 28:5,9,16-17; Marcos 16:9; Lucas 24:13-35; Juan 20:19,24,26-29; 21:1-14; Hechos 1:6-8; 1 Corintios 15:5-7).
El pasaje clave de la resurrección de Jesucristo está en 1 Corintios 15. En este capítulo, el apóstol Pablo explica por qué es crucial el entender y creer en la resurrección de Jesucristo. La resurrección es importante por las siguientes razones:
(1) Si Cristo no resucitó de los muertos, tampoco lo harán los creyentes (I Corintios 15:12-15). (2) Si Cristo no resucitó, Su sacrificio por el pecado no fue suficiente (1 Corintios 15:16-19). La resurrección de Jesús prueba que Su muerte fue aceptada por Dios como la expiación por nuestros pecados. Si Él simplemente hubiera muerto y hubiera permanecido muerto, eso hubiera indicado que Su sacrificio no fue suficiente. Por lo tanto, los creyentes no tendrían el perdón de sus pecados, y ellos permanecerían muertos después de su muerte física (1 Corintios 15:16-19) – no existiría tal cosa como la vida eterna (Juan 3:16). “Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho” (1 Corintios 15:20) Cristo ha resucitado de los muertos – ¡Él es el primero de los frutos de nuestra futura resurrección! (3) Todos aquellos que creen el Él, serán resucitados para vida eterna, tal como Él lo hizo (1 Corintios 15:20-23). 1 Corintios 15 sigue describiendo cómo la resurrección de Jesucristo prueba Su victoria sobre el pecado, y nos provee de poder para una vida de victoria sobre el pecado (1 Corintios 15:24-34). (4) Este texto describe la gloriosa naturaleza del cuerpo resucitado que recibiremos (1 Corintios 15:35-49), y, (5) Proclama que como resultado de la resurrección de Cristo, todos los que creen en Él obtienen la victoria final sobre la muerte (1 Corintios 15:50-58) ¡Cuán gloriosa verdad es la resurrección de Jesucristo! “Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano” (1 Corintios 15:58).
Actualmente se conoce el lugar exacto de su crucifixión, y la tumba sigue igual que en el día en que resucitó. En Mateo 27:52-53, se relata que cuando Jesús resucitó muchas personas también lo hicieron y salieron de sus sepulcros y volvieron a sus ciudades. Eso sin duda amplia el impacto de Jesús. No solo resucitó, sino que levanto de entre los muertos a muchas personas y está registrado dicho evento sobrenatural. ¿Crees que si dicho registro fuese falso, Jesús tendría la misma importancia que tiene ahora? De ninguna manera. La gente se hubiese dado cuenta en aquel entonces. Además, hay muchos relatos Bíblicos de encuentros con Jesús, en donde incluso Él habló con cientos de personas. La resurrección de su cuerpo humano y la de muchos más, fue el máximo milagro y la máxima prueba de su deidad. Eso forjó la fe de muchos. Los hombres no resucitamos todos los días, pero partiendo de que Jesús es solo un hombre, entonces sin duda podemos afirmar de que Él es un hombre extrañamente inusual.
Ahora hablemos de lo atemporal de la obra de Jesucristo en la vida del creyente. El impacto de Cristo en la historia de la humanidad se hubiese difuminado con el correr de los siglos, si sus palabras hubiesen dejado de tener validez. Hay algo que los ateos no pueden negar: Jesús fue un excelente maestro, con un nivel de oratoria y conocimiento, y además moralidad, extrañamente inusual. Sin embargo, yo como cristiano puedo afirmar que el pilar fundamental de mi fe no es la Biblia: Es Jesús. Su misericordia con el correr de los siglos sigue siendo mejor que la vida.
Un encuentro personal con Él, y las diversas experiencias que Él me ha regalado y me ha permitido vivir, son lo que me garantiza la realidad de sus palabras y lo palpable que es su amor para la humanidad (y para mi existencia). Jesús en persona es el autor y consumador de mi fe (Hebreos 12:2). Fue cuando su Espíritu inundó mi ser por primera vez, que realmente pensé: “Dios es real… Jesús es real”. Me siento como Juan al escribir 1 de Juan: No creo en Jesús. Creer en Él, implica la posibilidad de que yo esté errado. “Creo que va a llover” es admitir que es posible que no llueva. Yo no creo que en que Jesús es real y eterno: Lo sé. Es problema tuyo si no me crees (Ojala creyeses). Lo ideal es que tu busques conocerle personalmente. ¡Él ya te busca y espera por ti!
Vale aclarar que dichas experiencias que Dios me ha regalado no tengo porque contarlas. Básicamente porque para el hombre natural las cosas espirituales son locuras (1 Corintos 2:14). Sin embargo, los frutos de dichas experiencias en un cristiano, se hacen evidente a terceros. A lo largo de la historia a partir de hace aprox 2.000 años, Jesús a seguido renovando a personas y ha estado haciendo el milagro más sorprendente de todos: Transformar corazones con su amor. Si muchas personas a lo largo de la historia no hubiesen sido transformadas por Cristo, sus palabras no hubiesen llegado hasta el día de hoy. Yo no estaría aquí “perdiendo el tiempo” si todo esto fuese mentira, porque yo con escribir en este blog, y con lo que hago en mi día a día, no gano nada.
Obviamente, no todas las personas que se han hecho llamar cristianas, han tenido un encuentro genuino con Dios. Si no lo han tenido, es porque no lo han buscado más. Se conformaron con menos. No se han dejado tocar. No fueron más allá. ¡Ojala todas las personas conocieran al menos lo poquito que yo conozco de Dios! Sin embargo, Dios usa a quienes le conozcan para hacer que otros algún día lo hagan, como a mí, a pesar de lo mega imperfecto que soy. Jesús hoy quiere tocar tu vida de la misma forma en que revolucionó con amor el mundo hace 2.000 años.
La obra de Dios es sin duda atemporal. Lo que Dios hizo con hombres como Saulo, Juan, Pedro, Mateo, etc, lo puede hacer contigo hoy en día, y lo quiere hacer. Lo ha hecho con C.S Lewis, María Teresa de Calcuta. Chesterton, Charles Spurgeon, Oswald Chambers, y millones de personas a lo largo de la historia (Tantas, que no cabrían en un post), incluido yo. Es la experiencia genuina lo que nos sella con su amor, y la prueba más certera para quien vive dicha experiencia con Dios, de que Jesús es más que solo un hombre. Es una verdad y es la vida eterna para quien lo deja entrar a su vida.
Puedo seguir hablando sobre Jesús, pero creo que terminaría escribiendo algo demasiado largo para un post en un blog, y creo que ya dije lo más importante. Yendo a mi conclusión final, la sola explicación para el incomparable impacto que tuvo Jesús en la historia de la humanidad, va mucho más allá de ser solo un hombre. La única explicación para dicho impacto es que, efectivamente, Él es el hijo de Dios dado a los hombres para que todo aquel que en Él crea no se pierda más tenga vida eterna (Juan 3:16). La única explicación es que Él era uno con Dios (Juan 10:30). La única explicación es que en Él está toda la plenitud de la deidad (Colosenses 2:9). La única explicación es que Jesús es nuestro Padre Eterno (Isaías 9:6) hecho carne y su propio hijo (Juan 1:14 y Juan 1:1). Él anhela tocar tu vida y revolucionarla con su amor que sobrepasa todo entendimiento. ¡Ábrele la puerta! Quien acepta a Cristo no tiene nada que perder.
“Yo soy el camino, la verdad y la vida —le contestó Jesús—. Nadie llega al Padre sino por mí.” Juan 14:6.
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¡Dios te bendiga y fortalezca cada día más tu fe en Cristo!
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Acerca del autor: Josué Barrios es un revolucionado por Jesús, escritor y líder que quiere servir más cada día. Lee más de él en Twitter, Facebook, o Google+.
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