10/02/2012

La Fuente de TODO lo Bueno.

ID-10038648 «Todas mis fuentes están en ti.» Salmo 87:7.

Hoy quiero compartir brevemente esto que Dios me ha recordado últimamente, y que ha revolucionado más y más, cada día, mi caminar con Jesús.

Empezaré rápidamente hablando de esto: Cuando caminamos con Cristo y vivimos en la gracia divina, y no bajo la ley que nos condenaba (esa ley fue hecha para mostrarnos cuanto necesitábamos la gracia), ya la vida no se trata de un montón de normas que debemos cumplir (“no matarás, no mentirás, no murmurarás…”).

Ahora todo se trata de una sola cosa que Dios nos pide y, gracias a su Espíritu Santo en nosotros cuando creemos en Jesús, podemos lograr: Amar.

… Uno de los escribas, que había estado presente en la discusión y que vio lo bien que Jesús les había respondido, le preguntó: «De todos los mandamientos, ¿cuál es el más importante?».

Jesús le respondió: «El más importante es: “Oye, Israel: el Señor, nuestro Dios, el Señor es uno, y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas.” El segundo en importancia es: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo.” No hay otro mandamiento más importante que éstos.»

El escriba le dijo: «Bien, Maestro; hablas con la verdad cuando dices que Dios es uno, y que no hay otro Dios fuera de él, y que amarlo con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a uno mismo, es más importante que todos los holocaustos y sacrificios.» Al verlo Jesús responder de manera tan sabia, le dijo: «No estás lejos del reino de Dios.»

(Marcos 12:28-34)

Siempre que pecamos, incluso cuando sea un pecado “privado”, no estamos amando al prójimo, ya que lo estamos hiriendo aunque él no lo sepa, no estamos amando a Dios, y muchísimo menos nos estamos amando a nosotros mismos. Cuando pecamos no hay amor en nosotros.

La naturaleza pecaminosa es negar a Dios y buscar alguna satisfacción a nuestra manera (satisfacción que termina siendo efímera). También es desconfiar de Dios. Todo lo que no proviene de la fe es pecado (Romanos 14:23).

El pecado no es hacer algo malo. Es ser algo malo: Independientes de Dios. Esto lo he hablado más ampliamente acá. Es maravilloso que Dios en su misericordia, nos quiera llenar con todo lo que él es, para que así no queden vacíos en nosotros que queramos llenar pecando.

«La concupiscencia o deseo pecaminoso se expresa con estas palabras: “Quiero tener eso inmediatamente”»

— Oswald Chambers (En Pos De Lo Supremo)

El deseo pecaminoso es querer obtener todo por nuestros propios medios y hacer todo a nuestra manera… Nuestra retorcida, dañina, perjudicial, y basura, manera.

Para amar realmente, debemos dejar nuestro orgullo a un lado, y dejar de fabricar el único “amor que podemos fabricar por nuestra cuenta: “Amor pirata” mediocre que busca lo suyo y espera cosas a cambios.

Muchas veces llamamos “amor” a lo que no lo es realmente. Lo mismo se puede decir de muchas cosas que conocemos como “bellas” o “atractivas”, o con cualquier otro adjetivo bueno y agradable.

También pasa que Dios, al ser nuestro creador, puso algo de Él en todo lo que creó. En la vida hay cosas fantásticas y maravillosas, pero ninguna de ellas es tan sublime como el creador que las hizo.

Los humanos solemos enfrascarnos en exprimir lo bueno de las cosas de las que no se puede exprimir lo suficiente para saciarnos, porque todo eso es algo mínimo comparado a lo que hay en Dios. No se puede exprimir juego de naranja de una millonésima parte de naranja. Somos sedientos por naturaleza, y es porque, como dijo Pascal una vez, en todo hombre hay un hueco del tamaño de Dios.

Dios no te necesita a ti, y tú no te imaginas cuanto lo necesitas a Él. Yo creo que lo necesito, y sin embargo estoy seguro de que creo que lo necesito menos de lo que en realidad lo necesito.

Conocer el verdadero amor perfecto, o la belleza absoluta y total, es conocer a Dios. Dios quiere que les conozcamos, y por eso nos tiende la mano a través de Jesús. Conocer algo bueno, perfecto, en excesiva plenitud, y saciarnos de eso, es conocer a Dios. Esa plenitud divina es a lo que Lewis llama Alegría en su obra autobiográfica sobre su paso del ateísmo al cristianismo (“Sorprendido por la Alegría”).

La Alegría es algo que traspasa todas las barreras de lo que puedes imaginar. ¿Para qué conformarte con lo que conoces, cuando hay mucho más, en total perfección, en Dios? Dios es eterno, y el deleite que se tendrá en su presencia también será eterno.

Cuando creemos en Jesús y caminamos con Él, mientras llega ese momento en que estaremos en la presencia absoluta de Dios, Dios nos dará lo necesario, y hasta algo más, en nuestro día a día.

Para amar debemos ir a la fuente del amor. Esa fuente es Dios (1 Juan 4:8) y es mediante Jesús que podemos llegar a Él (Juan 14:6). Sin ese amor, nada somos (Te recomiendo leer 1 Corintios 13).

¿Tus fuentes están en Dios? Solo con amor divino podremos amar verdaderamente y ser llenados por completo con todo lo que proviene de la fuente. De esa forma no necesitamos pecar, ni nos provoca hacerlo, cuando caminamos con Dios.

Dios no quiere que seas una persona perfecta: Él quiere que seas uno con Él. Eso implica creer en Jesús y renunciar a ciertas cosas, para volver a nacer en Cristo (Juan 3:3) y experimentar una nueva vida llena de abundancia y amor. Una vida en su Espíritu Santo.

Jesús tenía toda la plenitud de la deidad en Él (Colosenses 2:9) ya que Él era Dios encarnado, y sin embargo, oraba bastante. ¿Para qué oraba y se aferraba a Dios? Muy simple: Para darnos el ejemplo. Dios demostró consigo mismo como debemos sujetarnos a Él y acudir siempre a la fuente de su amor.

Siempre vemos a Jesús yendo a la fuente en momentos claves de su vida y cuando tenía tiempo a solas. Algo que me impacta, es ver a Jesús orar antes de escoger a Judas como su discípulo.

Por esos días Jesús fue al monte a orar, y pasó la noche orando a Dios. Al llegar el día, llamó a sus discípulos y escogió a doce de ellos… (Lucas 6:12-13)

¡Jesús amaba a Judas! De hecho, en sus horas finales antes de la crucifixión, les lavó los pies a sus discípulos… y a Judas. Hasta permitía que Judas agarrase comida de su plato. Así de desafiante a simple vista para la lógica humana, es el amor de Dios.

Jesús vino a morir por nosotros y resucitar (para pagar nuestros pecados y darnos vida eterna), pero también vino para otras cositas más. Vino también para enseñarnos a ser uno con Dios y obtener ese divino amor que todo lo puede lograr, en la fuente que es Dios. Aún sigue enseñando mucho a través del Espíritu Santo.

Cuando Jesús oró por sus discípulos en Juan 17, dijo esto:

… Pero no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste.

Yo les he dado la gloria que me diste, para que sean uno, así como nosotros somos uno. Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo crea que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado.

Dios quiere que permanezcamos tanto en la fuente que es Él, que hasta lleguemos a ser literalmente uno con Él.

Quizás una de las cosas más revolucionarias dichas por Jesús, y que desafía nuestro entendimiento cuando no creemos como deberíamos en Él, es esta frase:

“Buscad el reino de Dios, y todo les vendrá por añadidura”(Mateo 6:33).

¿Recuerdas lo que leímos al comienzo? Cuando el escriba que le preguntó a Jesús sobre los mandamientos, le dijo a Jesús que amar es sin duda es lo más importante, Jesús le dijo esto: «No estás lejos del reino de Dios.»

El reino de Dios es toda esa fuente de la que te hablo. Mejor dicho, fuentes. ¡Es plural pero a la vez es una sola! Dios es fuente pura y perfecta de paciencia, amor, fuerza, sabiduría, gracia, seguridad, valentía, etc. Todo lo bueno.

Cuando tenemos ese reino, tenemos toda bendición espiritual (Efesios 1:3). Eso es porque el reino de Dios es Dios mismo, y todo lo que emana de Él.

Ese “todo les vendrá por añadidura”, también incluye el amor de nuestras vidas, o el sustento que necesitamos en nuestro día a día. Incluso las amistades verdaderas que Dios quiere que entablemos. Todo es todo, no un “casi todo”.

Cuando acudimos a Dios como fuente del amor, y ésta inunda nuestro ser, nos dejan de importar las opiniones de terceros sobre cuanto amamos, y amamos cada día más como Dios ama: Sin esperar nada a cambio, dándolo a todo, etc.

Pregunta: ¿Para que quieres ir a la fuente? Si quieres ir para que las personas te miren a ti, y no al Dios que hace la obra en ti, déjame decirte que Dios no permitirá que llegues allí. En ese caso, debes soltar tu orgullo y renunciar a tu pecaminosidad para nacer de nuevo, y así, ver el reino de Dios (Juan 3:3).

Dios quiere que vayas a la fuente porque estás sediento, reconoces que tienes necesidad de Él, y quieres conocerle. Dios es esa fuente y se da a sí mismo porque es su naturaleza amorosa darlo todo, incluso lo que Él es, por amor a su nombre.

¿Tienes todas tus fuentes en Cristo? Eso implica dejar de fabricar o buscar cosas a nuestra retorcida manera, para ir a Él, y que sea Él quien nos llene como quiera y cuando quiera. Cuando aceptamos a Dios y queremos más de lo que Él es, se vuelve nuestro todo y demuestra ser más de lo que creímos que Él podría llegar a ser para nosotros.

"Dios no puede ser producto de mi imaginación, porque, para nada, Él es lo que yo pude imaginar de Él".

— C.S. Lewis.

Te invito a que busques el reino de Dios y te dejes enamorar por Él. Su misericordia es infinita, y la mayor prueba de amor en el universo, Él la hizo. Un amor tan grande que no se puede expresar en palabras humanas.

Si no has aceptado a Cristo como tu salvador, estás a solo una oración de distancia (Él ya está esperando hablar contigo al otro lado de la línea).

Si ya lo has aceptado, pero te has caído en el camino que Él tiene para ti, siempre puedes hacer las pases con Él. Eres su hija/o amada/o en quien Él tiene complacencia y a quien quiere deleitar en su fuente.

Busca el reino de los cielos y todo te vendrá por añadidura. Muchas cosas te vendrán incluso cuando te dejen de importar por estar tan maravillado con lo que Dios es. Solo Dios puede llenarte y saciarte con todo lo que es, y todo lo que te ofrece por amor. Esa es su forma de enamorarte. Déjate sorprender por la Alegría. Es la mejor decisión que podrás hacer en tu vida, y te digo esto por experiencia.

 

Dios es todo lo bueno, y por eso es fuente de todo lo bueno.
Dios te ama porque es amor.

Image: freedigitalphotos.net



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Acerca del autor: Josué Barrios es un revolucionado por Jesús, escritor y líder que quiere servir más cada día. Lee más de él en Twitter, Facebook, o Google+.


2 comentarios:

  1. Que bonito!! Mientras leia el post tuve una sonrisa enorme en el rostro, es gracias a Dios!
    Un abrazo. Dios te Bendiga!

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  2. Todo lo bueno es gracias a Dios, incluso las sonrisas. Saludos y que Dios te bendiga a ti también. Muchas gracias por comentar, Sile.

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