"Con amor eterno te he amado". (Jeremías: 31,3)
Los fariseos eran mega religiosos sin amor. Estaban estancados en la superficialidad. Hipócritas, mentirosos, y se creían superiores a los demás. Hoy siguen habiendo de ellos.
Ellos dicen que Dios odia a los pecadores. Jesús les demuestra amor a los pecadores con palabras y hechos, y eso ocasionó que los fariseos tuviesen problemas con la conducta de Él.
Jesús en 3 parábolas quiso dejarles claro que Dios sí ama a los pecadores (y quiere comer helado con ellos). Dios no quiere condenarnos al infierno, que es privarnos de su presencia. Él busca a quienes están apartados de Él.
La última de esas parábolas es la del hijo de prodigo. Seguro la conoces. Si no la has leído, te invito a que le leas aquí: Lucas 15:11-32. Hoy hablaré del hermano protagonista de la historia.
Para empezar: Ese hijo cuando le pidió su herencia adelantada al Padre, fue como si le dijera “prefiero tener tu dinero a que estés metido en mi vida; prefiero que estuvieras muerto”.
Luego de que despilfarró el dinero, él no esperaba una cálida bienvenida en casa. Sorprendentemente, su Padre no lo regañó o le recordó lo que había hecho. No lo insultó ni dejó que pronunciara una palabra: Solo fue a su encuentro.
El Padre lo esperaba y pudo verle a lo lejos. Corrió hacia su hijo y lo abrazó. Lo apapachó. ¿Sabes cuanto tiempo llevaba aquel hijo deseando un abrazo genuino? Tenemos sed de Dios, solo que muchos no lo sabemos y otras veces lo olvidamos.
El hijo, cuando tuvo fortuna, seguro era muy querido por muchos. Cuando lo perdió todo, lo olvidaron. Incluso trabajó cuidando cerdos. La gente le dio la espalda mientras su Padre nunca dejó de pensar en él.
No solo lo apapachó, sino que le hizo un banquete y lo vistió con la mejor ropa que tenía. Todo porque su hijo amado “estaba muerto pero ahora ha vuelto a la vida; se había perdido, pero ya lo hemos encontrado”. Dios no quiere verte con ropas sucias.
¿Nos estamos dejando encontrar por Dios? Dios quiere lo mejor para ti (Lee 1 Corintios 2:19). Lo alucinante de esto, es que tú no mereces su amor. Ese amor viene a ti porque Él es amor (1 Juan 4:8). Eso es misericordia.
La humanidad tiene libre albedrio (Dios no quiere robots) y le ha dicho a Dios desde el comienzo esto: “Prefiero vivir a mi manera, a que estés metido en mi vida”. Tú formas parte de la humanidad. Has nacido apartado de Él y desde entonces lo ignoras. Sin embargo, Dios es justo y a pesar de todo te ve con amor.
El pecado no es tanto hacer algo malo. Es más bien ser algo que pretende ser independiente de Dios (de esto ya he hablado acá). El pecado es ser como aquel hijo que decidió darle la espalda al Padre al decirle “no te necesito en mi vida”. Es buscar satisfacernos a nuestra manera.
El abrazo de Dios te llena por completo y te hace de nuevo para que vivas desde cero la vida maravillosa que Él quiere darte (Juan 3:3, 2 Cor 5:17). Tanto te ama Dios, que en el cielo hay fiesta y gozo cuando un hijo regresa a su Padre.
Cuando el Padre vio a su hijo volver, no importó el pasado: Él vio el presente de su hijo (regresando arrepentido) y un futuro a su lado. Cuando aceptas a Jesús como tu salvador, Dios arroja tus fallas al mar: Lo que importa es el ahora y la eternidad.
Él quiere que aceptes la vida eterna que te ofrece, para amarte para siempre (Juan 3:16). El apapacho de Dios quitará ese sentimiento de soledad que a veces sientes aunque el resto de las personas digan que te quieren. Toda compañía es efímera y de baja categoría al ser comparada a la de Dios.
“Una persona puede sentirse sola, aún cuando mucha gente la quiera" — Ana Frank.
El apapacho de Dios, cuando te dejas alcanzar por Él, es lo que remueve cada cimiento de tu vida y tu corazón. Es lo que cura y limpia todo. Naciste para ser apapachado por Él. Su abrazo es lo más puro y desinteresado que puede haber.
Dios no te necesita: Estás desnudo, perdido, hambriento, y sin nada eterno. Lewis dijo una vez que lo que no es eterno es eternamente pasado de moda. ¿Qué le puedes ofrecer a Dios?
La adoración y el querer agradarle obedeciéndole y predicando su amor, son consecuencias de estar enamorado de Él al habernos dejado abrazar por Él. Dios ya tiene a mucha gente que le adora, y a mucha gente que le sirve y se deja usar por Él. Tú solo serías uno más. No tienes nada que ofrecerle a Dios.
Eso es lo que hace que muchos consideren todo esto una locura. Eso supera todo entendimiento. Queremos hacer algo para merecer a Dios. ¡No todo puede ser gratis! Sin embargo, la salvación de la consecuencia de nuestro pecado lo es.
Ya Dios pagó el precio con su hijo. Un precio que Él se autoimpuso para demostrar su amor: Se hizo hombre (Colosenses 2:9) y sufrió mucho. Él se negó a si mismo al humillarse para demostrar cuanto nos quería. Él sufrió la ausencia de su propio amor, por nosotros.
Como a las tres de la tarde, Jesús gritó con fuerza:
—Elí, Elí, ¿lama sabactani? (que significa: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?”). Mateo 27:46
La consecuencia de nuestro pecado (hacer las cosas a nuestra manera dañina), es que el Padre no espere a su hijo y no lo ame. Es que cuando vayamos a casa, el padre le de la espalda a su hijo. Eso es lo que merecemos, y Dios nunca lo hará si buscas sus brazos y te arrepientes.
Luego de que Jesús murió, resucitó venciendo a la muerte para darnos una vida nueva que siempre se renueva. Solo tenemos que aceptarla. Jesús me ha demostrado lo real que es, y eso hace que deje de importarme lo que digan los demás cuando su amor me apapacha.
El mundo siempre te dará la espalda mientras Dios te espera con los brazos abiertos en su dulce morada. Para recibir ese apapacho de Dios, debemos dejar nuestro orgullo a un lado y caminar en dirección a Dios (Juan 14:6). Deja de verte a ti y míralo a Él (Isaías 45:22).
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Acerca del autor: Josué Barrios es un revolucionado por Jesús, escritor y líder que quiere servir más cada día. Lee más de él en Twitter, Facebook, o Google+.
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Como siempre una bendición la palabra de Dios es un majar. Dios te siga bendiciendo Josue ♪♫♪♫☺♥
ResponderEliminarAmén. Igual a ti. Gracias por conetar, Yulita. Saludos desde acá. :)
ResponderEliminar¡Amo los apapachos y purruños de Dios! Que bueno que El permanece siempre fiel y no puede negarse a si mismo. Que bueno decir que El es mi Papá. Que maravillosa es Su misericordia, impacta mi corazón.
ResponderEliminarHermoso post, Josue.
¡Dios te bendiga!
Saludos desde Maracay.
Saludos desde Mérdida, Fiorella. Dios te bendiga. :)
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