08/04/2012

Glorioso Domingo.

Estoy sin palabras para describir lo que este domingo significa para mí, pero en este post trataré de hacer mi mejor intento.

Hoy (y siempre) mi corazón está lleno de gratitud. Cristo venció a la muerte. ¡Y fue fácil para Él!

Sigue leyendo esto que tengo que gritar. Hoy, quiero expresar mi alegría.

Hay miles de libros y charlas de apologética cristiana que hablan sobre las muchas evidencias y razonamientos que abalan el hecho más importante de la historia. (Recomiendo “Evidencia que exige un veredicto” y “Más que un carpintero” de Josh McDowell).

En el día de hoy, recuerdo 1 Corintios capítulo 15, en donde Pablo habla mucho sobre la resurrección. También recuerdo la primera predica de Pedro.

“…Jesús nazareno, que fue el varón que Dios aprobó entre ustedes por las maravillas, prodigios y señales que hizo por medio de él, como ustedes mismos lo saben… Dios lo levantó, liberándolo de los lazos de la muerte, porque era imposible que la muerte lo venciera”.

— Hechos 2:22-24.

Las personas a las que les predicó, ¡Ya sabían que Jesús se levantó de entre los muertos luego de morir por nosotros! Solo que se negaban a aceptarlo por orgullo, y necesitaban ser convencidos.

Imagina que Pedro hubiese dicho “como ustedes mismo lo saben” y la gente no supiese de que hablaba. Lo hubiesen ahorcado o algo así. Nos cuenta la historia que 3.000 personas recibieron a Jesús como su salvador aquel día y nació la iglesia.

Algo similar dijo Pablo en Hechos 26:26 al defender su fe, y es que la resurrección de Jesús sacudió al mundo (Lee lo que Pablo habla a la iglesia en 1 Corintios 1:18-25). No solo la Biblia lo certifica: La historia tambien lo hace.

Si alguien me probase realmente que Jesús no resucitó, obviamente yo renunciaría a mi fe. La fe y el pensar van de la mano.

Nunca alguien me podrá probar que estoy errado. El mundo solo inventa mentiras fáciles de tumbar (incluso si no eres muy conocedor). Suposiciones, contradicciones, y cosas vanas, para evadir la verdad incomoda para el orgullo humano.

La mayor prueba de la verdad del evangelio es lo atemporal de la obra de Jesús en la vida del creyente. Dios me ha comprobado personalmente que Jesús resucitó.

Dios es real. Abre tu ventana, y mira el paisaje o lo que sea que veas, y te darás cuenta de eso. Mediante Jesús, podemos conocer a Dios (Juan 14:6).

Cuando acepté a Jesús, mi fe podría parecer muy irracional en varios aspectos. Lo recuerdo con alegría. Ahora ha crecido, y además de sustentarse en la obra de Dios en mi vida (lo cual sería más que suficiente), se sustenta en la evidencia y lo que dicta mi pensar.

Solo necesitas un poco de fe que Jesús se encargará de hacer crecer (Hebreos 12:2). Todas las relaciones requieren fe para funcionar. ¡Tú ya tienes ese poco de fe! Si no fuese así, no estarías leyendo estas palabras, sino que habrías cerrado esta ventana en tu navegador.

Cuando acepté a Jesús, me puse en el borde de un barranco, y al final de esa barranco, estaba su inmenso amor. Yo me puse en el borde, ¡Y Él me empujó a Él!

Su Espíritu Santo te convencerá de tu fe, y su gran amor marcará tu vida y te sellará una vez que te arrepientes de tus pecados, y reconoces que lo necesitas, y aceptes la nueva vida que Dios te ofrece. Una vida eterna. ¡No te conformes con las cosas efímeras!

El Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, los consolará y les enseñará todas las cosas, y les recordará todo lo que yo les he dicho.
— Juan 14:26.

Mi mirada está puesta en Jesús. Sé que resucitó, y por eso viviré para siempre a su lado. Cristo te ama, y te invito a que creas esto. Solo Él es la fuente de todo lo bueno.

Lo he comprobado, vivido, experimentado, y lo seguiré haciendo, no los “domingos de semana santa” sino todos los días de mi vida eterna (aún soy un templo en construcción). No se trata de religiosidad (como hablé en mi reflexión anti-religiosidad)

Dios ha llenado con gozo mi corazón.
Estuve perdido, pero que ahora estoy encontrado.
El abrazo de Dios es mi hogar.

¿Dudas de Jesús? Hubo un discípulo que se llamaba Tomás. Él no creía que Jesús había resucitado. Jesús se le acercó, y le dijo que tocara sus heridas. ¡Imagina la cara de Tomás cuando tocó sus heridas! (Juan 20:24-26).

Tal sientes querer tener fe, pero te niegas a colocarte en la orilla del glorioso barranco del que te hablé. ¡Que eso no te detenga! Hazlo y persevera, y verás como Dios te demuestra lo real que fue el regalo que hizo y el amor con el que te ama (Juan 3:16).

Quizás te sentirás mal por no haber creído antes, al igual que Tomás (y al igual que yo), pero ya verás como eso se te pasa. Dios te inundará con su abrazo eterno. Es tu decisión dejarte apapachar o no. Hoy mismo puedes empezar a conocer a Dios.



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Acerca del autor: Josué Barrios es un revolucionado por Jesús, escritor y líder que quiere servir más cada día. Lee más de él en Twitter, Facebook, o Google+.


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