“Tomo un versículo, y desde allí camino hasta la cruz”. Charles Spurgeon, un día en que le preguntaron como escribía sus prédicas.
Jesús es Dios, y está con nosotros (Mateo 28:20) a la vez que está preparando maravillas para nosotros (Juan 14:2-3). Sin embargo, varias veces estoy en una iglesia escuchando una predica, y me pregunto “¿Donde rayos está Jesús en esta predicación?”. ¿No te ha pasado que has escuchado una predica en donde no se menciona lo suficientemente, o como debería, a Cristo? A mí sí. Varias veces.
Es algo que me desagrada. He tomado la iniciativa de largarme cuando veo que la predica no me llena en lo que realmente necesito. Las personas cuando se sientan a mi lado, saben que si me voy de una predica es porque la desapruebo, y pues así les digo que no me gusta tal predica sin tener que recurrir a palabras. Claro, obviamente, siempre trato de ser paciente y aguantar. Quien quita que el que esté predicando hable de Cristo de un momento a otro y la cosa se ponga buena… Igual, siempre trato siempre de quedarme con lo bueno de cada cosa.
Si estoy en un lugar y veo que la predica no va a nada realmente valioso, no le puedo sacar nada bueno, ya he esperado mucho, y veo que la cosa no tiene pinta de mejorar para nada, sino que más bien tiene pinta de empeorar y eso ocurre (lo he visto con mis propios ojos en un precongreso de jóvenes al que fui hace unos meses, y es lo más abominable que he visto en mi vida), me largo al menos que lo que digan me interese lo suficiente… Y pues soy complicado para que algo me interese, como ya debes suponer. No me gusta alcahuetear cosas que no me gustan, y no me importa para nada si a la mayoría de la gente les gustan y no les gusta que a mí no me gusten (lindo trabalenguas, ¿no?). A fin de cuentas, tal vez eso sea mi naturaleza de hijo de Dios.